Durante décadas, la “voz periodística” fue algo bastante reconocible. Un tono grave en radio y televisión, frases medidas, distancia emocional, cierta solemnidad. Una forma de contar el mundo que aspiraba a la objetividad y que, con matices, se repetía en casi todos los medios. Hoy ese modelo está en revisión. Y en los próximos 20 años, cambiará más de lo que creemos.
No porque el periodismo vaya a desaparecer, sino porque la forma de hablarle al público ya no es la misma. Y porque las tecnologías, las audiencias y los propios periodistas están empujando en otra dirección.
Del tono institucional a la voz reconocible
Durante mucho tiempo, el periodista debía sonar “neutral”. Casi intercambiable. Daba igual quién leyera la noticia: la voz era la del medio, no la de la persona. Ese modelo funcionó mientras los medios eran pocos y la audiencia cautiva.
Hoy ocurre justo lo contrario. Hay exceso de información y déficit de atención. En ese contexto, la voz reconocible se convierte en un valor. El lector u oyente ya no sigue solo a un medio: sigue a periodistas concretos. A quienes le explican la realidad con claridad, con honestidad y con un estilo propio.
En los próximos años veremos menos voces clónicas y más firmas con personalidad. No significa caer en el opinador permanente, sino asumir que la transparencia sobre quién cuenta la historia es parte de la credibilidad.
Un ejemplo son los podcast y vídeo podcast que logran llegar a nuevas audiencias que no conectan con las voces impostadas de antaño de los medios tradicionales.
Más cercanía, menos impostura
El lenguaje periodístico se está desinflamando. Las frases barrocas, los giros excesivamente técnicos o el tono grandilocuente funcionan cada vez peor. La audiencia no quiere que le hablen desde arriba, sino de tú a tú.
La voz periodística del futuro apunta a ser:
- Más clara
- Más directa
- Menos acartonada
- Más pedagógica
No porque el público sea menos inteligente, sino porque la claridad es una forma de respeto. Explicar bien algo complejo seguirá siendo una de las mayores virtudes del oficio.
Emoción sin perder rigor
Durante años se confundió objetividad con frialdad. Pero informar no implica anestesiar. El periodista del futuro no ocultará la emoción cuando sea pertinente: una catástrofe, una injusticia, una historia humana.
La voz periodística será más humana, pero no menos rigurosa.

La convivencia con voces artificiales
En los próximos 20 años, conviviremos con voces generadas por inteligencia artificial: locuciones automáticas, resúmenes informativos personalizados para nichos hiperlocales y asistentes de audio que “leen” noticias. Urge abrir el melón de cómo las empresas periodísticas tienen que monetizar cuando sus contenidos son aprovechados por asistentes de voz, IAs, etc.
Paradójicamente, esto hará que la voz humana gane valor. Cuando todo pueda ser narrado por una máquina, lo que marcará la diferencia será:
- El matiz
- La ironía
- La duda
- El silencio
- La experiencia
La IA podrá informar, pero no interpretar el mundo con la profundidad de alguien que lo pisa, lo sufre y lo contrasta. El periodista no competirá con la máquina: se distinguirá de ella.
La radio será un oasis de eso. Un medio que no se puede quedar atrás del tren de la inteligencia artificial pero tiene que aprovechar su valor diferencial.
El periodista como traductor del mundo
La voz periodística del futuro se parecerá menos a la de un notario y más a la de un traductor. Alguien que toma realidades complejas —datos, conflictos, decisiones políticas, avances científicos— y las convierte en algo comprensible sin simplificarlas hasta el absurdo.
Eso exige criterio, cultura, contexto y tiempo. Justo lo que escasea hoy y lo que más se valorará mañana.
En un ecosistema dominado por el ruido y la polarización, a buen seguro permanecerá pujante ese clima de tensión pero también habrá espacios para la calma y la claridad.
La confianza será el gran capital del periodista del futuro. Y la voz —cómo se escribe, cómo se habla, cómo se explica— será su principal herramienta. Todo va más rápido. La ciudadanía quizá tiene menos tiempo para informarse así que tendrá confiar en, a su criterio, las voces más autorizadas. ¿Los algoritmos primarán eso?, ¿la IA que rige, cada vez más, la tecnología permitirá que cada cuál elija sus fuentes o hay una tendencia a primar lo que a todo el mundo le gusta?
En resumen
Dentro de 20 años, la voz periodística se dirige a ser:
- Más personal, pero honesta
- Más cercana, pero exigente
- Más humana, pero rigurosa
- Más consciente de sus límites
No será perfecta. Nunca lo fue. Pero seguirá siendo necesaria. Porque, cambien las tecnologías que cambien, alguien tendrá que contar el mundo con sentido.
Y eso, de momento, sigue siendo un oficio profundamente humano.