Hace unos meses me invitaron a dar una charla en mi antigua facultad, frente a un grupo de estudiantes de Periodismo. Acepté sin dudarlo. Volver a los pasillos donde pasé tantos años formativos fue emocionante. La memoria se activa con cada rincón, con cada aula, con cada compañero que viene a la mente. Volver, aunque solo sea por unas horas, también reconcilia con el pasado. Sirve para medir el camino recorrido y, por qué no decirlo, sentir un poco de orgullo.
Decidí preparar una intervención que no repitiera los mantras de siempre. Esos consejos que tanto escuchamos en la carrera y que luego, cuando salimos al mundo real, descubrimos que no valen de mucho. Intenté ser honesto y directo. Decir lo que me hubiera gustado escuchar cuando era uno de ellos, sentado en esa misma aula, lleno de dudas y sueños.
La inquietud como brújula
Empecé hablando de la curiosidad. No es una cualidad más: para mí, es la más importante. Un periodista debe interesarse por todo, incluso por lo que parece irrelevante. Cuanto más raro, mejor. La curiosidad es lo que te hace hacer preguntas, tirar del hilo, levantar la mirada cuando otros pasan de largo.
Pero no basta con ser curioso. Hay que actuar. Muchos estudiantes esperan a cuarto para hacer sus primeras prácticas y comprobar si esto es lo suyo. Para muchos, no lo es. Y eso también está bien. Pero si esperas tanto para probar, quizás no llegues a saberlo a tiempo.
Especializarse al máximo
Uno de los temas más interesantes que comenté con los estudiantes fue la aparente contradicción entre ser especialista y, a la vez, ser un perfil todoterreno. Lo cierto es que, lejos de ser excluyentes, estas dos cualidades pueden y deben convivir.
En los inicios profesionales, es crucial ser capaz de redactar una nota de política municipal por la mañana, cubrir una exposición de arte contemporáneo por la tarde y editar una crónica deportiva por la noche. Esa capacidad de adaptación es muy valorada en redacciones con plantillas cada vez más ajustadas. Sin embargo, al mismo tiempo, conviene desarrollar una voz propia, un conocimiento profundo en un nicho muy concreto que te haga único o, al menos, reconocible.
Y cuando digo nicho, me refiero a cosas como: la política migratoria de Hungría, la industria del videojuego indie en América Latina, la diplomacia del Vaticano en África, la escena underground de poesía oral en Barcelona, o el impacto de los microplásticos en la fauna de los ríos ibéricos. Son temas de altísimo valor informativo donde hay poca competencia y una gran demanda de voces expertas.
La clave está en elegir un campo que te apasione y que tenga proyección. A base de leer todo lo publicado, seguir a expertos en redes, visitar eventos especializados y, sobre todo, crear contenido propio (podcasts, hilos, reportajes, entrevistas…), puedes convertirte en una referencia. Esa etiqueta de “experto en” puede abrirte puertas más rápido de lo que imaginas. Y mientras tanto, sigues siendo útil y flexible en cualquier cobertura generalista.
Hoy en día, hay periodistas que han construido su carrera hablando de temas muy concretos en YouTube o en podcasts. Si te haces experto en un tema, pueden acabar llamándote los medios para que hables de él. Pero primero, tienes que currártelo: leerlo todo, conocer a las fuentes, visitar los lugares clave. Y no esperar a que alguien venga a decirte “este es tu tema”. Tienes que encontrarlo tú.
Mi consejo: empieza desde el minuto uno. En primero de carrera, en el primer cuatrimestre, métete en algún medio de estudiantes. En mi caso, fue la radio universitaria. Una experiencia que cambió mi vida.
La radio como escuela
La radio fue mi primer laboratorio. No era fácil: en mi campus no había tradición de hacer programas fuera del horario lectivo. La facultad de Comunicación estaba en otro campus, y allí sí tenían más medios y tradición. Pero en el mío, que compartía con la Facultad de Economía (la otra carrera que estudié), montar un programa de radio era una aventura.
Costó, pero salió adelante. Y fue un regalo. Entiendo que a muchos les dé vértigo empezar sin experiencia previa. A mí me ayudó haber grabado entrevistas y publicado en internet desde el instituto. Pero incluso si llegas de cero, lo importante es lanzarse.
De mi clase, apenas dos o tres nos dedicamos luego a los medios. Muchos terminaron en gabinetes de comunicación. Otros, como profesores. Y lo curioso es que no lo tenían en mente durante la carrera, pero ahora están encantados. Y me alegro por ellos.
¿Cómo saber si esto es lo tuyo?
Probar, probar y probar. No hay otra. No se puede aprender qué es el periodismo real viendo películas o series. Hay que consumir medios. Muchos. Leer periódicos, escuchar radio, ver informativos. Pero hacerlo con mirada profesional.
Cuando veas una crónica, pregúntate cómo han estructurado el texto. ¿Qué enfoque han usado? ¿Qué recursos visuales aparecen? ¿Qué tono emplean? ¿A qué expertos llaman?
Ver televisión como lo hacen muchos jóvenes hoy —con formatos como realities, concursos o programas de entretenimiento— está bien, pero no es lo mismo. Me sorprendió ver, en una encuesta reciente a estudiantes de comunicación, que cuando se les preguntaba por el momento más importante que han visto en televisión, casi ninguno citaba un hecho informativo. Nombraban realities, partidos, incluso el Grand Prix. Y luego, eso sí, soñaban con trabajar en El País o El Mundo.
Conocer el sector… y estar al día de él
También insistí mucho en que hay que conocer el propio sector periodístico. Saber qué medios están naciendo, qué programas se están gestando, qué vacantes pueden surgir. A veces, se abre una pequeña ventana —una nueva emisora, un proyecto piloto de un programa de televisión— y si estás ahí en el momento adecuado, puedes colarte.
No basta con mandar el currículum. Hay que enviar contenido. Dos o tres noticias que puedas publicar directamente por el enfoque, edición, etc. Entrevistas que demuestren que sabes encontrar fuentes. Piezas que, a la vez, muestren tu estilo propio.
El periodismo local como trampolín
A menudo se desprecia la información local. Yo empecé cubriendo Bruselas durante mi Erasmus, sí. Pero luego me volqué en Madrid. Y fue un pozo sin fondo de oportunidades.
La información local te da algo que pocos lugares te ofrecen: cercanía con las fuentes y poca competencia. Eso te permite destacar.
Local es ese terreno salvaje donde se aprende a base de meter las botas en el barro (a veces, literalmente). Les conté cómo entrevisté a una alcaldesa mientras pedaleábamos en el nuevo sistema municipal de bicis, cómo me infiltré en charlas y exposiciones polémicas en distritos perdidos de la periferia o destapé escándalos con informes oficiales destapados por la oposición. Historias pequeñas con alma grande.
El periodismo local no tiene focos ni trending topics, pero enseña oficio como pocos sitios: hay que saber escuchar, intuir lo que no se dice, escribir con cuidado. Y sobre todo, estar. Con los ojos bien abiertos y la mochila lista.
IA, SEO y otros retos del presente (y del futuro)
Otro melón que abrí fue el de la inteligencia artificial. Cada vez más noticias se escribirán con IA. Las del día a día, las previsibles. Resultados deportivos, resúmenes de ruedas de prensa, cifras económicas.
Por eso, los periodistas del futuro no solo deben saber usar la IA. Deben saber crearla y entrenarla. Moldearla. Y entender que en este ecosistema digital, el posicionamiento (SEO) es casi tan importante como la calidad del contenido.
La paradoja es que a veces lo que premian los algoritmos no es lo que quiere el lector humano. Y convivimos con esa tensión.
La motivación como motor
El periodismo es vocacional. Y como toda vocación, tiene un punto de locura. Hay que estar disponible a todas horas, saber que los horarios no existen, que vas a trabajar festivos, fines de semana, noches. Pero también que cada día puede ser una aventura.
Los primeros años son duros. Precariedad, contratos breves, mal pagados. Pero hay que saber aguantar. Aprender de cada experiencia. Hacer cosas. Hacer más cosas. Grabas un podcast y quizás no funcione. Pero entrevistas a alguien que te abre otra puerta.
No esperes a ser perfecto
Muchos estudiantes esperan a tener el reportaje perfecto para publicar. Y eso es un error. Lánzate. Publica. Ya lo mejorarás. En internet, los contenidos se perderán entre millones. No pasa nada. Lo importante es empezar. Internet se multiplica exponencialmente día a día.
En mi universidad hubo una revista que publicaba números en papel con gran calidad. También había blogs que cubrían la vida del campus –entrevistas a los profesores estrella y estrellados, reportajes sobre rincones de la facultad desconocidos, debates sobre temas de actualidad,…–. Todo eso ayuda a hacer contactos, aprender a comunicar, entender cómo funciona un medio.
Organiza eventos, crea red
Una forma genial de moverse en el sector es organizar jornadas. En muchas universidades hay asociaciones que lo hacen. Si consigues montar una mesa redonda interesante, vendrán periodistas, profesores, estudiantes. Y habrás tejido una red.
En la Universidad Carlos III, una jornada estudiantil sobre tecnología se convirtió en referente. Los que la crearon ya no son estudiantes, pero siguen involucrados. Eso tiene mucho valor.
Una vocación que merece la pena
Terminé mi intervención con una idea clara: esto es duro, sí. Pero también es maravilloso. No hay dos días iguales. Siempre hay algo que aprender. Una historia que contar. Un mundo que explicar.
Ojalá muchos de esos estudiantes lleguen a ser mis compañeros en las redacciones del futuro. Ojalá no olviden al dieciochoañero que soñaba con contar historias y que se emocionaba al pisar por primera vez una facultad.
Si estáis en esa etapa, entregaros a tope. No dejéis que la desilusión o la rutina os apaguen. Este oficio necesita periodistas con hambre, con corazón, con alma.
Gracias por la invitación. Y gracias, sobre todo, por escuchar.